Una verdadera Motomami renace de sus cenizas como Rosalía
- Antonio Porras
- 19 mar 2022
- 2 min de lectura
Actualizado: 20 mar 2022
El tercer álbum de estudio de la cantautora presenta algunos de los temas más arriesgados

"Rosalía ha muerto", decían las malas lenguas después de escuchar los primeros sencillos que sirvieron como carta de presentación para Motomami, el nuevo trabajo de la catalana. Canciones como 'Chicken Teriyaki', si bien divertida, parecían palidecer ante el recuerdo de aquella magnífica Rosalía que nos abría un nuevo abanico de posibilidades musicales con 'El Mal Querer', ese impecable disco que la llevó a la fama y que dinamitó el panorama musical español.
Sin duda, la artista que había escrito 'A ningún hombre', emocionante oda en contra de la violencia de género, ya no era la misma que ahora cantaba 'Hentai', una balada plagada de metáforas sobre el pene de su amante, el archiconocido Rauw Alejandro. Y a muchos les costó encajar este cambio, creyendo que la cantante se había vendido a la comercialidad y a las latinadas explícitas que ahora inundan las listas de éxitos. Pero no pudieron estar más equivocados.
Rosalía no se vende a nada, juega con sus propias normas y demuestra que es de esas artistas que dirigen su propia carrera
En 'Motomami', Rosalía no se vende a nada. Más bien al contrario, con este nuevo álbum la catalana vuelve a coger el toro por los cuernos para demostrar que es de esas artistas que dirigen su propia carrera. Juega bajo las reglas que ella misma implantó con su anterior trabajo para explorar una vez más sus límites artísticos y mostrarnos quién es la verdadera Rosalía.
Quizás por ello 'Motomami' es un álbum de contrastes. Un trabajo en el que la vemos coquetear con el reggaeton dosmilero en caciones como 'Saoko', que aunque líricamente no impresionó, sí presenta una producción milimétrica con un resultado muy pegadizo, para seguidamente dejarnos vislumbrar un reflejo de la antigua Rosalía con ese 'Bulerías', una de las pocas canciones que conservan la esencia más clásica de la cantante, faceta en la que sigue mostrándose magnífica.
Pero la del Baix Llobregat ha decidido ir más allá con este disco. En 'Motomami' encontramos desde boleros con tintes electrónicos y hiphoperos, es el caso de 'Delirios de Grandeza', uno de los despuntes del álbum, hasta una segunda parte de su incursión en el dembow. De nuevo, lo hace de la mano de la dominicana Tokischa, con quien ya había lanzado 'Linda' y con la que decide volver a trabajar en 'La Combi Versace', que rápidamente se ha proclamado como uno de los temas favoritos de la crítica general.
Con 'Motomami', Rosalía ha compartido con el mundo su propia mesa de experimentación
En definitiva, tal y como avisaba la cantante en G3 N15, una de las canciones más emotivas del disco y que dedica a su sobrino Genís (con monólogo de su abuela hablando en catalán incluído), "Esto no es el mal querer, es el mal desear". Una declaración de intenciones en toda regla en el que se deja entrever que la Rosalía de sus primeros discos ya no existe. Por el contrario, con 'Motomami' ha compartido con el mundo su propia mesa de experimentación, ha logrado reinventarse para seguir aportando ese toque de frescura que ha terminado por fascinarnos y, contra todo pronóstico, silenciar a aquellos que no confiaban en ella.



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