Crítica de 'Wishbone': el día en que Conan Gray conoció el (des)amor
- Antonio Porras
- 25 sept 2025
- 3 min de lectura
Conan Gray deja de lado los sintetizadores y vuelve a reconectar con su faceta de cantautor en su álbum más íntimo hasta el momento

Infinidad de páginas se han escrito sobre la atemporalidad de la música. De esa capacidad que tienen algunas canciones (y artistas) de sobrevivir al paso del tiempo y a las interminables modas que se le abalanzan cada tanto. Sobre ese preciado momento de sentarse y seguir vibrando con ese LP que se estrenó 30 años antes de tu nacimiento incluso, tan vigente en 2025 como lo fue en los 70.
Sin embargo, una de las partes más encantadoras de la música y de la que se habla mucho menos es, precisamente, su temporalidad. De la simbiosis que nace de crecer a la vez que un artista. Del apego que nace de verle narrar el amor en esa edad en que nosotros lo saboreamos por primera vez, pero que también sirve de hombro en el que apoyarse y llorar con ese primer, e inevitable, desamor.
Eso es precisamente lo que ocurre con ‘Wishbone’, el último trabajo de Conan Gray. Dejando de lado la pequeña incursión en el synth-pop ochentero que probó con ‘Found Heaven’ (24), el joven desempolva su guitarra para reconectar con su faceta de cantautor y demostrar haber alcanzado no solo la madurez artística, sino también personal. Un álbum en el que el de California se muestra más confesional e introspectivo que nunca, diseccionando un intenso pero tóxico amor de verano y todas sus secuelas emocionales.
‘Wishbone’ representa la cima en la madurez de un artista como Gray, al que conocimos hace media década con ‘Kid Krow’ (20), cuando apenas tenía 20 años y su ingeniosa voz narrativa todavía hablaba del amor como una quimera por descubrir en sus propias carnes. Sin embargo, la crudeza lírica de este nuevo proyecto marca un antes y un después para el artista: fuera de la infatuación adolescente, Gray narra su primer (des)encuentro con la vida adulta a través de 12 temas que parecen directamente sacados de un diario personal, de esos que se guardan bajo llave enterrado en un armario.
Así se lo canta a su ex en ‘My World’, una de las composiciones más notorias del largo y que encapsula a la perfección el lado más popstar mainstream del artista. “Este es mi mundo y es mi vida”, reivindica Gray, que termina el estribillo con un aviso para navegantes:”los gastaré como me dé la gana”.
Palabras que no caen en saco roto con ‘Wishbone’, donde el artista hace homenaje a las pulsaciones indie que marcaron sus inicios a la vez que se rinde al pop-rock más noventero. En esta línea, tenemos canciones como ‘Actor’ o ‘Caramel’, que (gracias a esas guitarras tan a lo The Cranberries o The Smiths) le otorgan a este álbum veraniego sobre el desamor un toque ácido a nostalgia que le viene a la perfección.
Sin embargo, es ‘Vodka cranberry’, el segundo sencillo de este álbum, el que capta todo lo que ‘Wishbone’ quiere (y consigue) ser. En esta pieza, Gray demuestra su metamorfosis en artista adulto combinando esta recién adquirida morriña noventera con su narración punzante. En ella, el de origen filipino alcanza el clímax emocional gobernado por su dulce voz y una producción impecable a manos de Dan Nigro, colaborador habitual tanto de Gray como de varios de los artistas del momento, como Chappel Roan u Olivia Rodrigo.
“Si tú no acabas con esto, yo lo haré”, corea esta grabación, que se convirtió rápidamente en una de las favoritas para sus fans. Como en el largo que acaba de publicar, Conan Gray toma al toro por los cuernos para demostrar en quién se ha convertido desde su etapa subiendo covers en YouTube. Como confiesa en la canción, sigue “llorando como un bebé” y se emborracha a base de vodka con zumo de arándanos, pero ya no es un niño.
‘Wishbone’ es, esencia, un final. En la superficie - aunque no menos eficaz por ello, el de un primer amor de verano. Si escarbamos un poco más, también el de una etapa para su vocalista. Un disco que es también un ‘coming of age’ donde Conan Gray deja atrás al “chico cuervo” (triste y perdido, casi performático en sus sentimientos oscuros) y da paso a la sobriedad de un joven artista que ya ha conocido el mundo.
Nota: 7,5/10



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