top of page

'1984' de George Orwell, cuando la libertad es esclavitud

  • Foto del escritor: Antonio Porras
    Antonio Porras
  • 13 jun 2022
  • 3 min de lectura
La novela del escritor británico se ha convertido en un referente atemporal de las novelas distópicas por su descarnada crítica a las sociedades totalitarias

‘Una rata que está dentro de un laberinto es libre de ir a cualquier sitio, siempre que permanezca dentro del laberinto’

Esta sombría frase de Margaret Atwood en su novela “El Cuento de la Criada” podría encapsular a la perfección la esencia de la novela política 1984, de George Orwell. De hecho, durante años ambas obras han sido comparadas y analizadas como algunas de las grandes obras distópicas de la literatura moderna; y es que ambas obras nos presentan una sociedad donde el ser humano pierde su humanidad.


La novela de Orwell se desarrolla en una ‘futura sociedad londinense’. Una sociedad corrompida por el régimen autoritario del Gran Hermano; un gobierno omnipresente que todo lo ve y, por supuesto, todo lo controla. Una sociedad que deja poco resquicio al pensamiento propio y a la libertad. Y dentro de este fúnebre lugar encontramos a nuestro protagonista: Winston Smith. Un hombre corriente que trabaja para el Gran Hermano reescribiendo los libros de historia. Creando así una sociedad en su propia burbuja en la que no existe la historia sino que es reescrita continuamente para adaptarse a las versiones ‘oficiales’ del gobierno. Quizás es gracias a su trabajo que Winston comienza a desconfiar del Gran Hermano hasta que conoce a Julia, una joven rebelde de la que se enamora y con la que se enlista en la resistencia.


Como novela, 1984 es una de las obras más duras y oscuras que pueda leerse. Sin ser calificada en el de género de terror, esta obra tiene la capacidad de hacerte retorcer como si de una obra de Stephen King o Poe se tratara. Y esto es debido a que absolutamente cada fragmento del libro, incluso aquellos que calificaríamos de ‘esperanzadores’ para nuestro protagonista, están bajo la sombra del Gran Hermano. Casi como si una de las telepantallas que describe Orwell en la novela nos vigilara durante la lectura a la vez que a los protagonistas, advirtiendo acechantes de que, irremediablemente, la historia no va a tener un final feliz.


Pero quizás el punto principal que convierte esta novela en una de las grandes obras modernas es su verosimilitud. A pesar de que la obra no está basada en hecho reales sí que encuentra sus fundamentos en las sociedades autoritarias y el estalinismo. De esta manera, Orwell hace una descarnada crítica a los movimientos fascistas que inundaron Europa durante el siglo XX.


A pesar de tener elementos de fantasía, el relato se narra con una exquisita sencillez de detalles que construyen un retrato del sistema político en el que viven los personajes, constituyéndose de alguna forma como el personaje principal de la obra. Porque sí, a pesar de que Winston es el narrador principal de la novela, Orwell sólo utiliza su figura como mero acueducto para construir ese retrato del autoritarismo. De hecho, los personajes podrían definirse como poco profundos y, en ocasiones, se llegan a desdibujar. ¿Quiénes son Winston y Julia fuera de esta sociedad construida por el Gran Hermano? Lo desconocemos y, francamente, tampoco nos interesa saberlo. Desconocemos cómo sería Winston si se situara en una sociedad moderna como la nuestra, Orwell tan sólo nos presenta la faceta de un hombre esclavo de su sistema. De alguna forma, el Gran Hermano se convierte en el personaje principal de la obra sin el cual no podríamos concebir al resto de personajes. Una cruda metáfora de la realidad de los ciudadanos que, lamentablemente, vivieron y viven en regímenes dictatoriales y que pierden su humanidad dentro de ellos.


Otro de sus puntos resaltantes es su universalidad y capacidad para trascender en el tiempo. De hecho, en 2017 con el ascenso de Donald Trump a la presidencia el libro se convirtió de nuevo en el primero en ventas en el mundo. Y es que su crítica se podía aplicar en el año de su publicación, el 1948, al estalinismo y otros movimientos autoritarios, sin embargo, algo particularmente fascinante es que 30 años después esta crítica sigue siendo perfectamente coherente en nuestra sociedad actual: La sociedad de las fake-news y la posverdad. Por supuesto, la perspectiva cambia con los años, pero su moraleja de trasfondo no.


En definitiva, podría decirse que 1984 no se diferencia por un gran argumento o unos personajes redondos a los que sentimos conocer a la perfección, sino que lo verdaderamente trasciende es su mensaje, tan retorcido como verosímil. Una obra imprescindible para aquellos que disfrutan de las novelas distópicas y políticas.

 
 
 

Comentarios


©2022 por Antonio Porras Portfolio. Creada con Wix.com

bottom of page